domingo, 20 de abril de 2014

CONTENIDO TEMÁTICO DE «LAS MIL Y UNA NOCHES»

1) CUENTOS MARAVILLOSOS

  Como tales pueden considerarse algunos de los más célebres y conocidos, a pesar de no figurar en el texto ZER. Tal el de Aladino y la lámpara maravillosa (514 a-591 a) y el de Alí Babá y de los cuarenta ladrones (éste incluido en nuestro Apéndice) y traducidos, respectivamente, de las ediciones de Zotenberg y Macdonald. Ambos se han conservado en manuscritos tardíos y de origen egipcio. Mucho más valor literario presentan los que nos describen viajes submarinos que, al fin y al cabo, no necesitaban de una gran fantasía desde que en el golfo Pérsico se recogían perlas mediante buceadores y campanas de buzo, del mismo tipo de las que en las miniaturas de nuestros manuscritos medievales ilustran el viaje de Alejandro por el fondo de los mares. De ahí que el origen del tema sea persa y como tal se desarrolle en la Historia del matrimonio del rey Badr Basim, hijo del rey Sahramán, con la hija del rey Samandal (739-756) en una exquisita prosa árabe en que la alternancia de prosa, prosa rimada y verso muestra que la traducción del original fue realizada por un traductor de gran categoría de la época abbasí que mantuvo los nombres propios (Sahramán, Chulnar, etc.) en la forma más próxima posible a la inicial pahleví. En ella —y lo mismo ocurrirá con los viajes de Sindbad el marino— aparecen detalles que muestran cómo la literatura árabe popular conoció la literatura griega. En este caso Chawhara y la reina Lab no son más que imitadoras de Circe y, como ésta, transforman a los hombres en animales. Menos valor literario presenta el cuento, probablemente refundido en Egipto a partir de materiales iraquíes, de Abd Allah de la tierra y Abd Allah del mar (940-946) que tiene alguna concomitancia con el cuento anterior y nos describe con detalle lo que «debía» ser la vida de una humanidad submarina cuya cultura y costumbres —se alegran de la muerte de sus parientes puesto que vuelven junto a Dios— discrepan de las que nos presenta la Historia del matrimonio del rey Badr Basim… (739-756).

  Los viajes de Sindbad el marino (537-566) fue inicialmente un libro independiente de Las mil y una noches. Se basaba en los textos escritos que, como los Achaib al-Hind (Maravillas de la India), Achaib al-Hind wa-l-Sin (Maravillas de la India y de China), las Achaib al-Bahr (Maravillas del mar), etc., se encontraban en las bibliotecas de Bagdad en el siglo X u XI. El autor del libro recoge con estilo sencillo no sólo el ambiente de esos textos, sino también relatos orales de marineros e introduce leyendas procedentes de la Odisea (547) y de la versión árabe de la leyenda de Alejandro. Los textos discrepan en el contenido del último (séptimo) viaje[8] pero de lo que no cabe duda es de la existencia de una gran unidad estilística a lo largo de todo el relato. En alguna de sus aventuras se ha intentado encontrar un origen egipcio prefaraónico o de las ceremonias de incubación onírica helénicas (estancia en la isla de las serpientes del segundo viaje) o talmúdico (el demonio que lo lleva por los aires lo deja caer porque pronuncia el tetragramaton[9] en el sexto viaje [565]). Emparentado con este género de navegaciones se encuentra la Historia de Abu Muhammad el perezoso y de Harún al-Rasid (299-305) que pertenece también al período bagdadí. Al mismo puede referirse el cuento de Jalifa el pescador con las monas (831-845).

  Más interesante para nosotros es la Historia del caballo de ébano (357-371). El origen del tema es indio y remonta al Vasudevahindi de Sandagara. Debió de ser conocido en la Persia preislámica —recuérdese que el sur de Arabia estuvo bajo ocupación persa antes del nacimiento de Mahoma— y desde aquí, a través de la versión árabe, llegaría a oídos de Adenet li Rois; de éste debió de tomarlo Cervantes, pues su última carrera —y la más famosa— se encuentra en el Clavileño del Quijote. Ecos del tema se encuentran en las noches 15 y 656.

  El cuento de Abd Allah b. Fadil, gobernador de Basora, y de sus hermanos (978-989) debió de ser redactado en época tardía, puesto que usa palabras como galeón, y presenta ecos de cuentos anteriores (metamorfosis de seres humanos en animales (985), típica de los cuentos indios), y muestra que su autor fue un hombre pío, creyente en el culto de los santones, en al-Jidr,[10] etc., y que aprovechó abundantemente el material que le facilitaban las propias Mil y una noches.

  2) NOVELAS DE CABALLERÍA

  Los árabes clásicos no conocieron una verdadera poesía épica a pesar de los esfuerzos que hoy en día ha hecho alguno de sus más ilustres eruditos para probar lo contrario: nunca, entre ellos, existió un poema comparable a la Ilíada o a la Eneida, aunque, eso sí, esporádicamente, en medio de sus poemas de carácter bélico aparecían fugaces destellos —media docena de versos, por ejemplo— que hacen pensar que si no consiguieron dominar ese género literario no fue por falta de genio sino a causa del encorsetamiento cuantitativo de la estrofa que utilizaban, la casida, y que rara vez excedía de los cien versos sometidos a una jerarquización temática muy estricta. Este inconveniente no se presenta en la literatura persa, y permitió crear a Firdusi su Libro de los Reyes (Sha-namé). En cambio los árabes, desde muy antiguo, parece que novelaron las hazañas históricas de sus coetáneos y antepasados y que no vacilaron en incrustar en las mismas casidas de ocasión. Tal ocurre con la Sirat Antar (Biografía de Antar), campeón de la lucha contra todos los pueblos vecinos y que en sus andanzas llegó hasta España; o las campañas de las tribus de los Banu Hilal, etc. Ahora bien, todas estas obras son de gran extensión, con frecuencia de carácter popular, y parecen haber sufrido una última reelaboración, al igual que Las mil y una noches, en el Egipto mameluco.

  Esta última obra encierra dos grandes novelas de caballería de origen diverso, y otras de carácter menor. La primera, titulada Historia de Achib, Garib y Sahim al-Layl (624-680) a pesar de los esfuerzos de su autor, posiblemente un persa islamizado, presenta una estructura prácticamente lineal, alterna nombres persas y árabes y constituye un canto a la conquista del Próximo Oriente por la nueva religión. La redacción en su forma primitiva es posible que remonte al siglo XI, y recoge elementos muy arcaicos de tipo onírico (624) que, por lo demás, se presentan con una relativa frecuencia a lo largo de Las mil y una noches (v. g. 206, 352, 650, 727, 900…).

  Mucho más complicado es el desarrollo del segundo, Historia del rey Umar al-Numán y de sus dos hijos Sarkán y Daw al-Makán (45-145), que representa la octava parte de Las mil y una noches y a la cual Seybold creyó haber encontrado un paralelo en la Historia de Sul y Sumul que debiera haber formado parte de nuestra obra. Pero su teoría no es válida desde el momento en que en la narración de Seybold, un joven musulmán, se convierte al cristianismo, hecho inconcebible si consideramos la ideología global de Las mil y una noches y la pátina unitaria pro islámica que recubre todos sus cuentos, aunque determinadas partes de los mismos tengan un origen cristiano, mazdeísta o de cualquier otra religión.[11]

  La estructura del cuento puede considerarse de manera simplificada compuesta así:

  45-145 Historia del rey Umar al-Numán…

 
    107-137 Historia del amante y del amado: Tach al-Muluk y Dunya

   
      112-129 Historia de Aziz y Aziza.
   
 

  La diferencia de la longitud de las noches entre unos y otros cuentos, la mayor o menor abundancia de versos incrustados muestra que nos encontramos en presencia de materiales heterogéneos que apuntan a dos estratos iniciales: las luchas contra los bizantinos en el siglo VIII y contra los cruzados en el XI, a los que se ha sobrepuesto la pátina unitaria egipcia. Así se explica que las dos historias intercaladas, El amante y el amado y Aziz y Aziza, remonten a la época bagdadí y muestren hasta dónde podían llegar las venganzas de los despechados en amor. La castración narrada en la noche 126 con toda clase de detalles permite suponer cómo se verificaba. Igualmente la historia marco (51) muestra la falta de escrúpulos en violar a una mujer previamente narcotizada.

  Prescindiendo de estos detalles la Historia del rey Umar al-Numán…, es un verdadero mosaico de guerras, relaciones pecaminosas y anécdotas que constituyen ya de por sí todo un mundo y que abarcan toda suerte de episodios: aparecen citados los francos (50, 143), alemanes, venecianos, genoveses; doncellas que emulan a Tawaddud (60, 79), anécdotas de indudable origen egipcio, como la historia del comedor de hachís (143), relatos propios de los beduinos árabes, etc., etc., y es posible que ciertos personajes como el rey Rumzán pueda identificarse con Godofredo de Bouillon. Pero, narrativamente, lo más interesante radica en las dos protagonistas femeninas del relato: la alcahueta y entrometida Dat al-Dawahi (La causante de las desgracias) e Ibriza, hija desgraciada del emperador bizantino, Hardub, y nieta de Dat al-Dawahi (50). El desarrollo de la historia presenta un especial interés por el papel activo que ambas mujeres desempeñan en el desarrollo de la obra y que hace pensar en el de otras, conocidas en la historia musulmana, como la reina Sacharat al-Durr, introductora de la dinastía de los mamelucos en Egipto, hecho que contrasta con el escaso valor que se concede a la mujer en las epopeyas europeas no españolas.[12]

  Consecuencia de acontecimientos históricos reales o legendarios son una serie de leyendas o novelas que, en general, no cubren una gran extensión del texto y a veces afloran o no en varias regiones del mundo islámico. Tal ocurre con las leyendas de la Historia de una ciudad de al-Andalus [España], conquistada por Tariq b. Ziyad (272) en que, basándose en la historiografía arcaica, recogida en parte también por Maqqarí, nos describe el botín abundante conseguido por los vencedores en la ciudad de Toledo y, entre el cual figuraba la mesa de Salomón capturada por Tito en Jerusalén, por Alarico en Roma y traída a nuestra ciudad por los godos; del mismo tipo es la leyenda de la Historia de la ciudad de Bronce (572-578) que, para algunos autores, forma una unidad con la Historia de los genios y demonios encerrados en jarros desde los tiempos de Salomón (¡sobre él sea la paz!) (566-572). En este grupo de leyendas nos encontramos con buen número de elementos antiguos elaborados en el período iraquí.

  Mayor interés presenta la Historia de Nur al-Din y Maryam la cinturonera (863-894) que presenta concomitancias con la Historia de Alá al-Din Abu al-Samat (249-269), ambas de tipo romántico aventurero y de origen tardío y egipcio. El autor de la primera conoce bien la ciudad de Alejandría, y la burla que hace (891) del valor de los musulmanes implica el que fuera escrita después del desembarco de los cruzados. Los nombres de éstos, bien que deformados (Bartaut, Bartus, Fasyan) aparecen en los lugares idóneos y en conjunto toda la obra presenta un carácter moralizante y parece que guarda cierta relación (884) con determinados episodios del Decamerón.

  3) NOVELAS DIDÁCTICAS

  Éstas presentan un gran interés para la historia de la literatura española, ya que conocieron traducciones medievales muy tempranas. Tales son, por ejemplo, la Historia de la esclava Tawaddud (Teodor en la narrativa hispánica, 436-462) y la Historia que trata de la astucia de las mujeres y de su gran picardía (Sendebar en castellano, 578-606). A pesar de lo pedantesca que es la primera —traducida ya al latín por Pedro Alfonso (fl. 1115)— tiene gran interés no sólo por la infinidad de datos de tipo científico que nos transmite, sino por defender y justificar un determinado tipo estético de belleza femenina que no coincide con los gustos ni de la época del califato ni del Renacimiento, épocas en que se preferían las mujeres rubias y de ojos azules a las morenas de ojos negros. Este cuento, en la versión castellana del siglo XIII,[13] explica que una mujer hermosa debe tener dieciocho cualidades agrupadas en seis tríadas, que recoge Lope de Vega en su comedia La doncella Teodor:[14]

  FENISA. Oye, aunque tu ingenio raro

 
    Ponga a mi lengua temor:

    ¿Qué partes ha de tener

    Una perfecta mujer?
 

  TEODOR. Si son exteriores partes

 
    Y en dieciocho las repartes

    Desta manera han de ser:

    Corta en tres y larga en tres;

    En tres blanca, y en tres roja;

    En tres gruesa, y flaca en tres.
 

  FENISA. Si el decirlas no te enoja

 
    Decláralas.
 

  TEODOR. Oye, pues:

 
    De boca, pies y narices

    Será corta; en cuerpo, cuello

    y dedos, larga.
 

  FENISA. ¿En qué dices

 
    Que sea roja?
 

  TEODOR. En el bello

 
    Color de los dos matices

    Que las mejillas hermosas

    Junta con la nieve y rosas,

    Los labios y las encías.
 

  FENISA. Y ¿en qué parte la querrías

 
    Blanca?
 

  TEODOR. En tres partes forzosas.

  FENISA. ¿Cuáles?

  TEODOR. Dientes, rostro y manos.

  FENISA. Y ¿en qué partes la quisieras

 
    Ancha y gruesa?
 

  TEODOR. En los dos llanos

 
    Hombros, muñeca y caderas

    Y porque son más lozanos

    Más vivos, más atractivos

    Negra de ojos, con pestañas

    Y cejas.
 

  FENISA. Aunque son vivos

 
 Mucho en los negros te engañas; Verdes, son nobles y altivos,

Y azules, color de cielo,

    Son bellos en blanco velo.
 

  Esta organización en tríadas de origen oriental aparece igualmente en el Libre de tres, que puede atribuirse al franciscano fray Anselmo Turmeda (m. c. 1420) —convertido al Islam con el nombre de Abd Allah— y en el cual se encuentra el dicho catalán «Tres plaers són: menjar carn, jaure amb carn e cavalcar carn» que equivale al árabe de Las mil y una noches (336) «las delicias se encuentran en tres cosas: en comer carne, en cabalgar la carne y en meter la carne en la carne».

  El Sendebar (578-606), de origen indio y mandado traducir en 1253 por el infante don Fadrique, hermano de Alfonso X el Sabio con el título de Libro de los engannos e assayamientos de las mujeres, recibió otros varios nombres como los de Dolofatos, Siete sabios de Roma, etc. Pero era llamado en el texto árabe Historia que trata de la astucia de las mujeres y de su gran picardía y ha sido estudiado recientemente de modo exhaustivo por María Jesús Lacarra en una obra[15] que contiene rico material para el conocimiento de Las mil y una noches. El cuento que sirve de marco narra cómo la favorita del sultán se enamora del hijo de éste y, al fracasar en su intento de seducirle, lo acusa, ante aquél, de haber intentado forzarla. El rey lo condena a muerte, pero sus visires o sabios (siete, diez, cuarenta según las distintas redacciones)[16] consiguen aplazar la ejecución contando al rey, cada uno de ellos, cada día una narración que demuestra la perfidia y las añagazas de las mujeres; la favorita, por la noche, se defiende contando a su vez narraciones que desmienten las de sus visires y amenazando con suicidarse si no se la escucha. Al fin se descubre el enredo y es desterrada.

  Entre estas historias se encuentra la de la huella del león, cuyo origen remoto parece ser el episodio de David con Betsabé, la mujer de Urías (Samuel, 2, 11) y que reelaboró Chahiz: un rey, habiendo visto a la esposa del visir, se enamora de ella y despacha a éste con una misión. Durante su ausencia se presenta a la mujer quien le acoge con respeto, le da a leer un libro de moral, le sirve de comer noventa platos que tienen el mismo sabor y los compara con los besos de las noventa concubinas del rey. Éste comprende la alegoría y se retira, pero olvida el anillo. El visir, de regreso, lo encuentra y se separa de su mujer. Un año más tarde, enterado el soberano, dice a aquél que la huella del león que ha visto no pisoteó su jardín, y que jamás volverá (578-579). Varios elementos de esta narración pasan a la cuentística occidental y son empleados por don Juan Manuel en El conde Lucanor (ejemplo 50), en los Cuentos de La Fontaine, etc.

  Lo mismo ocurre con el cuento 81, Bruder Lustig, de los hermanos Grimm, cuya redacción árabe más remota conocida se encuentra en el comentario del Corán de Tabarí (m. 923); penetró en Occidente con el Sendebar y fue conocido por Abu Bakr de Tortosa (m. 526/1131); con el episodio de Leodilla del Orlando enamorado, de Boyardo (m. 1494), que tanto pueden derivar del Sah Baht como de la historia de Qamar al-Zamán y la mujer del joyero (963-978) y con las leyendas que figuran en el Dolofatos del Caballero del cisne, que pasa a La gran conquista de Ultramar, en donde sirve para explicar la genealogía de Godofredo de Bouillon; y el relato de Los seis cisnes de los hermanos Grimm; y el de la libra de carne inmortalizada esta última por Shakespeare en El mercader de Venecia: el protagonista consigue escapar a la amenaza que sobre él pesa, dada la imposibilidad del acreedor de cortar exactamente una libra de su carne. El tema sobrevivió en la leyenda medieval de El pobre Enrique, que fue impresa por los Grimm, y Boccaccio tomó de uno de los episodios del Libro de los engannos el argumento de Los tres hombres de Isabella (Decamerón 7, 6).

  Ahora bien: simultáneamente a la versión «ortodoxa» del Sendebar que había pasado al persa en el siglo VI y al árabe antes del año 815, existían ya, en el siglo XIII, una gran cantidad de refundiciones que incluían cuentos del más vanado estilo. Así, con la adaptación de Los cuarenta visires y como un desarrollo de determinados pasajes del Corán (2, 96/97; 59, 16) se introduce la leyenda del monje Ambrosio, llamado Barsisa en las fuentes orientales. Se trata de un santo asceta al cual tres hermanos, que tienen que emprender un viaje, confían a su hermana enferma para que la cuide durante su ausencia. Barsisa, tentado por Satanás, la seduce, la deja embarazada y para borrar todo testimonio de su caída la mata y la entierra. Al regreso de los hermanos les explica que ha muerto de muerte natural, pero Satanás se les aparece en sueños y les revela lo sucedido. El asceta, asustado y para escapar al castigo, acepta la oferta del demonio quien, para salvarle, exige que le adore y reniegue de Dios. Una vez caído en este último pecado, aquél se burla de él y recita el versículo 59, 16 del Corán. El pecador muere infiel. El tema, ampliamente divulgado en Occidente, fue versificado por Cristóbal de Virués (1550-1609) en El Monserrate, en donde el protagonista recibió el nombre de Garín[17] y alcanzó una gran difusión en el romanticismo gracias a la obra Ambrosio, or the monk, de Lewis (1795).

  El mismo origen tiene la leyenda de don Illán del Conde Lucanor (ejemplo 11): un sultán de Egipto se niega a creer que la ascensión de Mahoma a los cielos se realizara en una sola noche. Pero le convence de que así fue el sabio Sihab al-Din quien, abriendo sucesivamente cuatro ventanas, le muestra un ejército enemigo, el incendio de El Cairo, la inundación del Nilo y un desierto transformado en vergel. A continuación le manda que se desnude y sumerja la cabeza en un cubo de agua. Al sacarla se encuentra en la cima de una montaña al borde del mar y pobre, hasta el punto de que tiene que aceptar los vestidos que le regalan. Con ellos entra en la ciudad, se sitúa en la puerta de un baño y pregunta a cada mujer que sale si está casada, a fin de conseguir, según costumbre del país, la mano de la primera que le conteste que no. Se casa así con una hermosa joven con la que tiene catorce hijos, pero pierde toda su fortuna y tiene que emplearse como mozo de cuerda para atender a las necesidades de su familia. Fatigado de tanto trabajo, saca la cabeza del cubo de agua y se encuentra de nuevo en medio de sus cortesanos, los cuales le certifican que todas sus aventuras han durado sólo un instante.

  Al Syntipas, otra de las recensiones del Sendebar, hay que referir los ejemplos 24 y 48 del Conde Lucanor. Este último —De lo que aconteció a uno que probaba a sus amigos— se encuentra también en el Speculum laicorum de J. de Hoveden, en la Disciplina clericalis, en el Caballero Zifar (1, 5) y otras varias obras de la literatura occidental.

  4) NOVELAS ESOTÉRICAS

  Como tal puede considerarse la Historia de Hasib Karim al-Din y la Historia de Chawdar, hijo del mercader Umar, y de sus dos hermanos (606-624). La primera presenta el siguiente esquema:

  482-536 Hasib Karim al-Din

 
    486-533 Aventuras de Buluqiya[18]

   
      499-530 Aventuras de Chansah.
   
 

  El conjunto es un relato de viajes al mundo de ultratumba que hizo pensar a Horovitz que podía ser —no lo es, conforme demostró Asín— un precedente de La Divina Comedia. La historia de Hasib Karim al-Din y la reina de las serpientes constituye el cuadro que enmarcará el viaje de Buluqiya —inspirado en fuentes hebreas al igual que el nombre del protagonista—, el cual, a su vez, incluye al de Chansah que se basa en fuentes indopersas; por otro lado la historia de la reina de las serpientes deriva de leyendas egipcias y el cuento en su forma más elemental parece que estaba ya redactado en el siglo X y en su primitiva redacción persa tuvo vida independiente de Las mil y una noches, ya que Musa Abdí dedicó su traducción en versos turcos (1430) al sultán Murad II.

  El contenido de la obra no se limita sólo a reflejar las influencias antes citadas, sino que también recoge mitos que, como el del Gilgamesh sumerio o el de Alejandro, han pasado a ser patrimonio de todas las literaturas.

  Buluqiya abandona su trono de rey de los israelitas, en El Cairo, para ir en busca de Mahoma, cuya descripción ha encontrado entre los tesoros de su padre. Gracias al sabio Affán (488) supo que la reina de las serpientes conocía una hierba con la cual, untándose los pies, podía andar por encima de las aguas de los siete mares y llegar así a la isla en donde estaba enterrado Salomón, con su anillo mágico, fuente de todo poder. Podría arrebatárselo e internarse en el mar de las Tinieblas con el fin de alcanzar la fuente del agua de la vida (Ponce de León en la Florida; en el caso de Gilgamesh se trata de una planta marina que consigue buceando, pero que le es robada por una serpiente mientras se baña). Las aventuras de la travesía son típicas de un relato escatológico: tal la voz que de repente prohíbe a Buluqiya comer los frutos de un manzano bajo pena de ser partido en dos mitades (491). Cuando Buluqiya busca al guardián ve un gigante de cuarenta codos de altura que recuerda a Huwawa, el guardián del bosque de Dilmún al cual se dirigía el Gilgamesh sumerio; ve bosques cuyos árboles dan como fruto cabezas humanas colgadas por los cabellos, etc., etc., y aprende cómo está constituido el mundo (496). Pero todos sus esfuerzos fracasarán y jamás llegará a poseer la inmortalidad.

  La Historia de Chawdar… (606-624) es, sin duda, de origen egipcio y presenta también rasgos esotéricos. Como en el caso de Aladino, sólo él puede acceder al tesoro del rey Samardal (613) que busca el mago magrebí Abd al-Samad (610). Chawdar, una vez introducido en el subterráneo que conduce al tesoro, tiene que pasar una serie de pruebas que son supervivencia de los ritos inicíacos a los misterios de Osiris: la madre desnuda (614, 615) es el símbolo del renacimiento después de la muerte mística; las figuras terroríficas que surgen detrás de cada una de las siete puertas quieren representar los monstruos del Amenti, cuyos conjuros enseñaba el Libro de los muertos, pero que ahora quedan reducidos al simple silencio del héroe. El desenlace del relato no es el característico de las narraciones de Las mil y una noches. Aquí, el protagonista, Chawdar, que ha conseguido apoderarse del anillo mágico de Samardal, es asesinado por sus dos hermanos y uno de éstos, Sálim, mata al otro para ser rey indiscutible y casarse con su cuñada. Pero el anillo, como el de los Nibelungen, está maldito: la viuda recién casada, Ásiya, envenena en la noche de bodas a Sálim y, como Brünhild, rompe el anillo para que nunca más los genios puedan estar a las órdenes de un déspota.

  La Historia de Hasán de Basora, el orfebre (778-831) presenta concomitancias con las de Sindbad el marino, Chansah y Umar al-Numán. El motivo principal —el de las muchachas-pájaro (786)— es de origen indio y ha contaminado a las literaturas islámicas. En nuestro caso, y dada la larga peregrinación que Hasán debe emprender hasta llegar al Japón para recuperar a su familia, el tema fundamental resulta ser el de los viajes e itinerarios que cruzan por lugares similares a los más arriba descritos.

  5) RELATOS EDIFICANTES, ANÉCDOTAS Y FÁBULAS

  En general se presentan de forma muy breve y agrupados. Son característicos los contenidos en las noches 294-308, 346-356, 383-424, 462-482. Sus orígenes: indios, judíos, persas, bagdadíes y egipcios son de lo más variado, distinguiéndose algunas de estas últimas por el carácter procaz que presentan. Junto a escenas piadosas, históricas (297-299) o jurídicas, aparecen otras que narran todo género de perversiones que se explican de acuerdo con el folklore de la época (353-355, 387, 424, etc.); muchas fábulas (145-152) y los que se encuentran en la Historia de Wird Jan hijo del rey Chilad (899-930, india), etc., son difíciles de filiar. En todo caso estos bloques de historias breves y sencillas parecen ser cuñas introducidas en el relato general para servir de separación y al mismo tiempo de descanso y distracción entre dos historias o grupos de historias de longitud mucho mayor.

  6) NOVELAS AMOROSAS

  Constituyen una de las partes fundamentales de Las mil y una noches. En ellas se encuentra todo tipo de relaciones: desde las heterosexuales al bestialismo (v. g. 353-355, 355-357), pasando por las homosexuales (v. g. 216, 338-339, 382, 420-421) y lesbianas (v. g. 211). Con todo, los cuentos del primer tipo, a pesar de la crudeza con que a veces se exponen, son los que mayor valor estético y literario alcanzan, ya que hay que partir del principio de que la moral sexual del islam es muy distinta de la del cristianismo. E igualmente cabe incluir en este grupo, con el que forma fuerte contraste, una serie de anécdotas breves en las que se elogia el amor platónico tal y como la leyenda asegura que fue practicado por la tribu de los Banu Udra (Hijos de la virginidad), muchos de cuyos miembros eran capaces de morir de pasión antes de tocar el cuerpo de su amada (383, 688-691). En este género de narraciones abundan los versos en consonancia con su entorno. Veamos algunos ejemplos.

  En la iraquí de Aziz y Aziza (112-129) se ve que el amor más desinteresado, el de Aziza que muere de pasión, es recompensado por la incomprensión de Aziz, el cual salva la vida gracias a unas palabras que aquélla le había aconsejado pronunciar si se encontraba en apuros con alguna de sus amantes. Pero si bien salva la vida no evita el ser castrado. El relato de esta operación, muy vivo (125-126) hace pensar en cómo se trabajaba en las «fábricas» de eunucos que, como las de Almería, surtían de ellos el mercado del Próximo Oriente en el siglo X. De la misma época es la Historia de Harún al-Rasid y el joven de Omán (948-953). Éste, heredero de una gran fortuna, la disipa toda en un burdel que posee mujeres de todas categorías, puesto que puede pasarse la noche por diez dinares (1 diñar = 4,15 gramos oro), 20, 40 y 500 dinares. Este último precio hay que pagarlo para poder gozar de los favores de la hija del dueño del negocio. La muchacha se enamoró del joven de Omán e intentó protegerle —sin éxito— cuando quedó arruinado y tuvo que marcharse. Pero, a su vez, la muchacha enfermó y no recuperó la salud hasta que tras diversas aventuras consiguió reunirse de nuevo con su amante y hacer de él su esposo.

  La historia de Qamar al-Zamán, hijo del rey Sahramán (170-249) presenta intercalada la Historia de Nima y Num (237-246). Ya hemos visto cómo algún episodio suyo (193) remonta al Extremo Oriente. Pero, en general, es una obra muy reelaborada en la época persa, bagdadí y egipcia. Además se han incrustado leyendas preislámicas como la de creer que los genios surgen de los pozos. Por su parte la Historia de Nima y Num parece haber alcanzado su redacción definitiva alrededor del siglo X, es decir, en la época bagdadí. De este mismo período —aunque con mayores retoques egipcios posteriores— parece ser la Historia del comerciante Masrur y de su amada Zayn al-Mawasif (845-863) que termina con la conversión al islam de los protagonistas.

  El cuento de Alí Sar y la esclava Zumurrud (308-327) es de origen persa. La esclava amada, a la que los avatares del destino separan de su dueño y haciéndose pasar por hombre llega a ser rey en unas tierras remotas, tienen su paralelo en otros cuentos de Las mil y una noches y, probablemente la escena final, cuando reconoce sin ser reconocida a su dueño y amante y le obliga a yacer con ella en el lecho hasta que aquél descubre su verdadero sexo e identidad, parece deberse a una última reelaboración. Y egipcia tardía (siglos XVI o XVII) es la Historia de Qamar al-Zamán y de su amada (963-978), de tema netamente inmoral, que sirve para contraponer el carácter lascivo de las mujeres del Iraq con el casto de las egipcias. Este último origen tiene también la Historia de Uns al-Uchud y de su amada Ward Fi-l-Akmam.

  7) NOVELA PICARESCA

  Littmann considera que la picaresca en Las mil y una noches es de origen egipcio y, efectivamente, hay un par de historias que abonan esta suposición: la de Alí al-Zaybaq al-Misrí (709-719) y la de Baybars y los dieciséis policías que no figuran en las ediciones ZER. Sin embargo existen otras narraciones, de ambiente bagdadí, que, reelaboradas en Egipto, tienen una conexión mucho más directa con la picaresca española. Ya González Palencia apuntaba el origen árabe de este género literario. Para él la picaresca derivaba del género que se conoce con el nombre de maqama. Etimológicamente maqama significa «descanso», término que en Marcos de Obregón se emplea para señalar los distintos capítulos.

  Genéricamente las maqamas (en plural) consisten en una serie de historias cortas, independientes unas de otras, pero que tienen una misma figura central, un primer actor, cuyo nombre varía según los autores. Esta figura central es un pícaro con todas las de la ley que cuando puede se transforma en gorrón y va subsistiendo gracias a sus buenas artes. Estas maqamas están redactadas en prosa rimada. Ahora bien: historias cortas y de pícaros se encuentran más de una vez en nuestra obra. Así, por ejemplo, las del pícaro y al-Mamún, el ciclo del barbero en el que son de especial interés las aventuras del tercero y sexto hermanos (31 y 32), el matrimonio de Ibrahim (346-347) y el matrimonio de Ishaq. Si tenemos también en cuenta que en Las mil y una noches hay frecuente alternancia entre prosa, prosa rimada y verso, podremos relacionar los cuentos en que esto ocurre con el género maqama.

  Pero hay que tener en cuenta que antes de que la literatura árabe crease este género ya se contaban de manera sencilla y sin buscar efectos retóricos, en las tertulias del califa y de los principales personajes de la corte, historietas, cuentos y anécdotas que tenían como centro a un personaje o a un hecho accidental: tal la locuacidad incontenible, por ejemplo, de los barberos.

  El enmarque de los altos hechos de éstos se nos presenta así: un joven cojo asiste a un banquete, pero se levanta y quiere marcharse en cuanto ve entrar a un barbero. Sus amigos le retienen y le piden que cuente la causa de su brusca decisión. Les complace: hijo de un rico comerciante de Bagdad, detestaba a las mujeres. Pero un día vio a la hija del cadí de la ciudad regando sus flores y quedó enamorado de repente, teniendo que meterse en cama —al igual que hacían en casos similares los españoles del Siglo de Oro—, pues había caído enfermo de pasión. Recibe varias visitas y entre ellas la de una vieja que le da ánimos, hace de intermediaria y consigue que la muchacha conceda una cita a su enamorado para el viernes siguiente a la hora en que su padre, el cadí, se encuentra en la mezquita. La alcahueta[19] se lo comunica al joven, al que aconseja que vaya al baño y al barbero. Éste acude a su casa y se entretiene contándole una serie de cosas fútiles sin terminar nunca de arreglarle. Para quitárselo de encima el joven lo colma de regalos y alimentos que necesita para poder dar una comida a sus amigos. Pero ni aun así consigue que se marche, pues el barbero quiere que asista al banquete. Al fin se libra de él y corre a la cita con muchísimo retraso sin darse cuenta de que el barbero le está vigilando. El muchacho encuentra la puerta de la casa de su amada abierta, como estaba convenido, y entra. Segundos después llega el cadí, quien cierra la puerta y da una paliza a una esclava desobediente. Un esclavo intenta defenderla y es agredido por su iracundo propietario, mientras el joven amante se esconde en un cofre. El barbero, creyendo que matan a su cliente, amotina a los transeúntes, entra en casa del cadí y carga el cofre a sus espaldas. El muchacho se asusta, salta al suelo y se rompe la pierna. Para poder huir arroja oro a manos llenas a la gente y va a refugiarse en una tienda perseguido siempre por el barbero. Para poder huir de él liquida sus bienes y se marcha de la ciudad.

  El barbero se defiende alegando ante los reunidos que sin él el muchacho hubiera perdido la vida, y para demostrar que es persona discreta y reservada explica su historia y la de sus seis hermanos.

  Historia del barbero: éste ve un día a diez personas ricamente vestidas que embarcan en un bote del Tigris. Creyendo que van a una fiesta se suma sin pronunciar palabra. Pero, en realidad, los diez están detenidos y son conducidos ante el Califa, quien los manda decapitar. El barbero se coloca el último, sin decir nada, y, al llegarle el tumo, el verdugo no lo mata por ser el undécimo y haber recibido orden de matar sólo a diez. El soberano le pide que aclare por qué se encuentra en tal situación y el barbero le complace y le obliga a oír su historia y la de sus seis hermanos, de tal modo que el Califa, en cuanto termina, harto ya de su locuacidad, le destierra de Bagdad.

  Esta historia, de origen iraquí con retoques egipcios del siglo XIII, muestra ya un rasgo típico de la picaresca: el de ser gorrón. El tema parece quedar algo alejado de la picaresca española. Pero no ocurre lo mismo con la maqama Bagdadiyya de al-Hamadaní (m. 1008) y cuya emigración hacia Occidente está probada por haberla calcado el judío aragonés al-Harizí (m. c. 1205) en su maqama 21 y por reaparecer luego en la Vida de Marcos de Obregón y en el Gil Blas de Santillana. He aquí el resumen de la misma según la edición de Harizí, tal como la da Alejandro Diez Macho:[20]

  «Héber ha-Qiní, como todo héroe de picaresca, tenía hambre. Una buena mañana salió a apagarla y topando con un rústico árabe montado en su borrico, el héroe cubrióle de bendiciones y habló del padre del labrador como de un amigo íntimo y como si fuera padre nutricio de todo ser viviente. Y, queriendo alargar más su gentileza, invitó a comer al simple estupefacto, el estupor del cual fue siempre en aumento, porque el trotamundos, saciado que hubo su apetito, halló traza de escabullirse sin pagar al mesonero, dejando al simple labrador, estupor, alabanza y deuda.»

  Hay otro punto destacable en este parentesco entre la picaresca oriental y la española: es la organización de la picaresca en cofradías, que aparece esbozada en la historia del tercer hermano del barbero, Quffa. Éste, que es ciego, llama a la puerta de una casa y no contesta a las preguntas que el dueño, desde el interior, le dirige. El dueño baja, abre y entonces Quffa le pide limosna. Sin contestar, el propietario le hace subir al último piso y, cuando está arriba, le dice: «Que Dios te ayude.» Y se niega a acompañarle escaleras abajo. El ciego baja solo las escaleras, se cae y sale con una herida en la cabeza. En la calle encuentra a sus cofrades; a los que dice que es el momento oportuno de repartir el fruto de sus sisas. El dueño de la casa, que le ha seguido, lo oye y va tras ellos sin que se den cuenta. Los pícaros entran en una habitación, se encierran en ella y la registran para comprobar que no ha entrado nadie que no pertenezca a su cofradía. El intruso escapa a la búsqueda porque se cuelga de una cuerda que pende del techo. Los pícaros toman de sus ahorros lo que necesitan y esconden diez mil dirhemes. Mientras comen, la mano de Quffa cae sobre el intruso y le dan una paliza. A sus gritos acude la gente. El intruso, fingiéndose ciego, llama a la policía. Cuando llega ésta pide que se les azote a todos, y a él el primero, para confesar asi sus fechorías. El farsante, al recibir los primeros palos, abre primero un ojo y después el otro, manifestando que los demás también se fingen ciegos para poder asi entrar en las casas y engañar a las mujeres. Así han robado diez mil dirhemes y le han negado la cuarta parte que le corresponde. La policía pega a los otros que, no por eso, se transforman en videntes. El intruso sigue insistiendo que fingen ser ciegos y que no abren los ojos para no tener que avergonzarse ante la gente. Se marcha a su guarida, coge los diez mil dirhemes y se los entrega al jefe de policía, quien le paga su cuarta parte y se queda con el resto. Después expulsa a Quffa de la ciudad.

  En este texto queda esbozada la existencia de una cofradía de pícaros-ladrones. Pero en el jerezano al-Sarisí (m. 1222), muy conocido por su excelente comentario a las maqamas de al-Harirí, hay un texto que presenta una semejanza sorprendente con lo que se nos narra en el Buscón (3, 1-3). Dice al-Sarísí:

  «Se cuenta que Bassar al-Tufaylí refiere: Un día me puse en viaje hacia Basora. Al entrar en esta ciudad se me dijo: “Aquí hay un síndico de los pícaros: los trata bien, les indica dónde deben ejercer sus artes y se pone de acuerdo con ellos.” Me presenté a él, me trató bien, me vistió y permanecí holgando a su lado durante tres días. En su casa vivían unos cuantos pícaros que le entregaban el importe de sus hazañas. El síndico se quedaba con la mitad y les daba la otra mitad. El cuarto día me envió a trabajar con los demás. Me metí en un banquete, comí, hurté lo que pude y regresé junto al síndico. Se lo entregué y me dio la mitad. Vendí lo que me había tocado y así me hice con algunos dirhemes. Seguí en esta situación durante unos días. Un día me colé en una boda de gentes de alto rango: comí, obtuve un buen botín y me marché. Por la calle me tropecé con un hombre que ofreció comprarme lo sisado por un dinar. Cogí el dinero, lo escondí, regresé a la casa y callé lo ocurrido al síndico. Éste reunió a todos los pícaros y les dijo: “Este bagdadí es un traidor. Cree que no sé lo que ha hecho. ¡Abofeteadle! ¡Buscad aquello que oculta!” Me hicieron sentar a la fuerza y me fueron abofeteando uno por uno. El primero que me atizó olió mi mano y dijo: “Ha comido madira.”[21] Se acercó otro y dijo: “Ha comido tal guiso.” Y así fueron sucediéndose, citando cada nuevo ofensor un plato de los que yo había comido: ninguno se equivocó. Finalmente el jefe me dio una bofetada terrible y exclamó: “¡Has vendido la sisa por un dinar!” Me pegó un coscorrón y me espetó: “¡Dame el dinar!” Se lo entregué. Entonces me quitó los vestidos que me había dado y dijo: “¡Vete, traidor, y que Dios no te proteja!” Regresé a Bagdad y juré que no residiría jamás en una ciudad en que hubiese pícaros que conocieran lo desconocido.»

  La historia del barbero y sus hermanos es una parte de la de El jorobado, el judío, el superintendente y el cristiano (24-32) que presenta una estructuración relativamente complicada:

  24-32 El jorobado, el judío, el superintendente y el cristiano

 
    25-27 Historia del comisionista cristiano

    27-27 Historia del superintendente

    27-28 Historia del judío

    27-32 Historia del sastre

   
      28-30 Historia del joven cojo

     
        30-32 Historia del barbero El taciturno

       
          30-30 Historia del primer hermano del barbero, el cojo

          30-31 Historia del segundo hermano del barbero, Baqbuq

          31-31 Historia del tercer hermano del barbero, Quffa, el ciego

          31-31 Historia del cuarto hermano, el tuerto

          31-32 Historia del quinto hermano, el sin orejas

          32-32 Historia del sexto hermano, el de los labios partidos.
       
     
   
 

  Aparte de la estructuración, la historia de El taciturno debía circular ya en el Próximo Oriente en el siglo VIII, puesto que el cordobés Ibn Abd Rabbihi (m. 939) la refiere como una anécdota histórica, que debió sufrir aditamentos sucesivos, ya que la historia del quinto hermano tiene resonancias en el Conde Lucanor y ya hemos visto también que la historia del joven cojo que la enmarca puede fecharse sin duda mediante criterios astronómicos en el año 1255.

  También puede enmarcarse dentro del género de la picaresca la Historia de Ahmad al-Danif y de Hasán Sumán con Dalila la Taimada y su hija Zaynab la Astuta (699-719) que engloba la Historia de Alí al-Zaybaq al-Misrí (708-719) en las cuales, tras un fondo bagdadí —y tal vez persa— aparece un complemento egipcio que extiende su influencia estilística sobre la primera parte del cuento. En conjunto la narración es viva, interesante y contrapone con gracia los ardides de los hombres y de las mujeres. Por otra parte este cuento —como ya hemos visto que ocurre con otros de Las mil y una noches— ha gozado de vida independiente al margen de la colección. Mucho más tardía aún es la Historia de Abu Qir y Abu Sir (931-940).

 

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